
«La mariposa blanca» es una hermosa y antigua leyenda que viene desde Japón. Es una historia muy dulce, y bastante especial, que habla de la fidelidad y de cómo el amor hacia las personas puede durar para siempre, incluso a través de los años.
En este cuento, se muestra a Takahama, un anciano que vive una vida tranquila y dedicada a un secreto y una promesa. A través de una mágica mariposa, se demuestra que los recuerdos felices son como tesoros que se deben cuidar y que, cuando se es bueno de corazón, nunca se está realmente solo.
Cuento de La mariposa blanca:
Había una vez en Japón un anciano llamado Takahama. Vivía en una casita muy sencilla en lo alto de una colina, justo al lado de un antiguo cementerio. Takahama era un hombre muy bueno y amable, siempre ayudaba a todos, pero los vecinos se preguntaban por qué vivía tan solito y por qué nunca se había casado.
Un día, Takahama se puso muy enfermito. Su sobrino, que lo quería mucho, fue a su casa para cuidarlo y acompañarlo. Mientras el joven estaba en la habitación, una pequeña mariposa blanca entró por la ventana.
El joven intentó que la mariposa saliera para que no molestara a su tío, pero la mariposa siempre regresaba. Era muy terca y suave, y se quedó volando cerca de la cama del anciano como si lo estuviera cuidando. Después de un rato, la mariposa salió hacia el jardín. El joven, con mucha curiosidad, decidió seguirla.
La mariposa voló directo hacia el cementerio y se detuvo sobre una tumba muy vieja, pero que estaba llena de flores blancas hermosas y muy limpias. De pronto, la mariposa desapareció.
Cuando el sobrino regresó a la casa, se dio cuenta de que su tío Takahama ya se había ido al cielo, con una sonrisa de paz en su rostro. Muy extrañado, le contó a su mamá lo que había pasado con la mariposa. Su mamá sonrió con ternura y le explicó el secreto de su tío:
— Cuando Takahama era joven, se enamoró de una chica llamada Akiko. Iban a casarse, pero Akiko se puso malita y murió antes de la boda. Takahama prometió que siempre la cuidaría, por eso construyó su casa al lado del cementerio. Durante muchísimos años, él fue todos los días a llevarle flores frescas y a hablar con ella.
El joven comprendió entonces que la mariposa blanca era el alma de Akiko, que había venido a buscar a Takahama para que, por fin, pudieran estar juntos de nuevo en el cielo.
Lecciones del cuento:
¡El amor es eterno!: Esta historia enseña que cuando queremos mucho a alguien, ese amor nos acompaña siempre, incluso cuando ya no podemos ver a esa persona.
Ser fiel a nuestras promesas: Takahama cumplió su promesa de cuidar a Akiko durante toda su vida. Ser una persona de palabra nos hace alguien muy especial y respetado.
La belleza de la amabilidad: Aunque Takahama estaba triste por haber perdido a su novia, nunca dejó de ser bueno y generoso con los demás. ¡La bondad ayuda a sanar el corazón!
No juzgues sin conocer: Los vecinos pensaban que Takahama era raro por vivir solo, pero él tenía una razón llena de amor para estar allí. Siempre es mejor tratar de entender a los demás antes de opinar.
La paz de los buenos recuerdos: Cuidar las flores de la tumba era la forma en que el anciano recordaba los momentos felices. Recordar con alegría a quienes ya no están nos da mucha paz.






