
«Los crímenes de la calle Morgue» (1841) es un texto fundacional de la literatura universal, unánimemente reconocido como el primer relato de detectives de la historia. A través de esta pieza, Edgar Allan Poe establece las convenciones del género policial, introduciendo la figura del investigador que utiliza el método de la deducción lógica y el análisis racional para resolver crímenes que la fuerza policial ordinaria considera inexplicables.
La obra destaca por la implementación del concepto del «misterio del cuarto cerrado», un recurso narrativo donde el delito ocurre en un espacio aparentemente inaccesible. Históricamente, este relato marca el inicio de la narrativa analítica, donde el interés no reside únicamente en el hecho criminal, sino en el proceso intelectual necesario para desentrañar la verdad tras la apariencia del caos.
Poe utiliza al personaje de C. Auguste Dupin para demostrar la superioridad del pensamiento deductivo sobre la observación superficial. El texto brilla por su rigor dialéctico y por la meticulosidad con la que se presentan las pruebas forenses y los testimonios, estableciendo un estándar de verosimilitud que transformaría para siempre la estructura de la narrativa de misterio.
Sinopsis de la novela:
La trama se sitúa en el París del siglo XIX, donde la policía se encuentra desconcertada ante el brutal asesinato de dos mujeres, la señora L’Espanaye y su hija, en un apartamento de la calle Morgue. El crimen se caracteriza por una violencia inusitada: un cuerpo fue hallado en una chimenea y el otro en un patio interior con el cuello cortado casi por completo.
Lo más desconcertante para las autoridades es que la habitación estaba cerrada por dentro y los testigos afirman haber escuchado dos voces, una de ellas en un idioma extranjero que nadie logra identificar con certeza.
C. Auguste Dupin, un joven de gran capacidad analítica que vive en un retiro intelectual, decide investigar el caso por cuenta propia tras la detención de un sospechoso que él considera inocente. Mediante el examen minucioso de la escena y la interpretación de las pistas físicas, como la fuerza extraordinaria necesaria para los crímenes y la naturaleza de unos cabellos encontrados en el lugar, Dupin descarta la participación humana convencional.
La resolución de la obra se alcanza cuando el investigador logra demostrar que el responsable es un orangután de Borneo que escapó de su dueño, explicando así tanto la brutalidad de los hechos como la ininteligibilidad de los sonidos escuchados por los testigos.
Recuerda que también puedes leer un resumen de Los crímenes de la calle Morgue.
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